♬♫♪ Un tenedor chiquitito quería volar... ♪♫♬

Esta semana tocó reflexionar sobre como los inventos y herramientas que los humanos desarrollamos implican una transformación mutua. El utensilio que utilizamos como ejemplo fue el tenedor, dentro de la historia del tenedor nos encontramos con que su uso en un inicio se persisvía como algo de mal gusto y su adopción tardo siglos en extenderse al punto en que ahora se encuentra. A pesar de haber sido una lectura sin mucho chiste el tenedor me sirvió para contrastar la sociedad del siglo XVII contra la que vivimos hoy. 

La mayor diferencia, y de la que creo que se desprenden todas las demás, es que en esa época la mayor autoridad ética y moral era la religión. Particularmente la iglesia católica, el organismo con el proceso de transformación más lento de la historia, era el que mandaba costumbres y tecnologías válidas para la época, muchas veces condenando tecnología que no era 100% del agrado de los párrocos de la época. Para el tenedor, al igual que muchos otros dispositivos, la influencia de la iglesia católica significo una adopción muy lenta. Si analizamos la sociedad actual nos encontramos con individuos cuya autoridad ética son ellos mismos y la autoridad moral es la ley. Esto significa que cada uno de nosotros decide lo que se puede o no hacer o usar, ya que nuestra ley está muuuuy lejos de ser tan restrictiva como la iglesia católica de antaño. El simple hecho de tener la libertad de utilizar la tecnología más actual, sin que te digan que por ello sufrirás eternamente en el infierno 😈 es lo que a mi parecer ha permitido que la tecnología se desarrolle y se extienda con la velocidad que hoy en día sucede.

La libertad es el punto clave para que se generen nuevos progresos tecnológicos, pero a la vez deja caer sobre cada uno de nosotros la responsabilidad de un uso ético para todas las herramientas que la tecnología nos brinda.

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